La Historia de Mar del Plata

Capítulo I

Hombres primitivos

Tierra de gliptodontes

Aborígenes de la zona

Llegan los europeos

Garay en la Mar del Norte

Recuerdos de Garay en pleno campo

Náufragos del Wager

Indios y europeos

…Y un viaje que hará historia

¡Hoy levantamos vuelo en un viaje que será inolvidable y pasará a la historia! Porque comenzamos a contar, todos los meses, la historia de Mar del Plata y sus prota­gonistas. Capítulos para coleccionar y comentar en familia, con los amigos y compañe­ros del colegia

Y además, una espectacular historieta a todo color, con temas fabulosos y personajes que se convertirán en verdaderos amigos de chicos y grandes. Y para comenzar, lo mejor es viajar hacia los tiempos más remotos.

Hombres primitivos

Jóvenes investigadores del pasado remoto en nuestra región afirman que 10.000 ^ años atrás, los escasos pobladores primitivos de esta zona, vivieron al abrigo de las sie­rras situadas al oeste Mar del Plata.

Esa presencia se confirma por los restos de instrumentos y ar­mas de piedra, además de los restos óseos de animales caza­dos y consumidos por aquellos pobladores.

Esos animales eran pequeños, como los ciervos y guanacos, y se complementaban con la recolección de vegetales y productos del mar. Esa sociedad de cazadores-recolectores, con los cambios propios de las circunstancias, es la que encontraron los españoles cuando llegaron a nuestras tierras a principios del siglo XVI. Cuando se inició el período del que hablamos, hace 10.000 años, estaban en extinción grandes animales como megaterios, mastodontes, gliptodontes y otros.

Ilustración

En esta ilustración podes observar como se veían estos parajes hace 10.000 años. La única vegeta­ción eran los arbustos y los curros.

Tierra de gliptodontes

Se encontraron abundantes restos de gliptodontes en el subsuelo urbano marplatense. Algunos de estos ejemplares están en el Museo Municipal de Ciencias Naturales Lorenzo Scaglia, en la Plaza España. Tenemos recuerdos personales sobre los gliptodontes: el primer caparazón de gliptodonte que conocimos, hacia 1940, estaba expuesto en un salón de la vieja Escuela Normal de la esquina de 25 de Mayo y Catamarca, donde ahora está el Centro Cultural Juan Martín de Pueyrredón. Pero en 1961, al excavar la base para una columna en la antigua Escuela Indus­trial de la calle 14 de Julio y Alberti, a 4 metros de profun­didad apareció el capara­zón entero de un gliptodonte. ¡Como si nos hubiera esta­do esperando!

También aparecieron huellas y restos de numerosos gliptodontes en las décadas del ’50 y ’60, cuando se construyeron gran cantidad de edificios en el centro y la costa marplatense.

En 1954, cuando en la Sierra de los Padres se excava­ba un pozo negro, apareció un túnel cuyo piso estaba a 7 metros de profundidad. Tenía el techo curvo, y en las paredes y el piso había marcas como de herra­mientas: eran las fuertes garras del gliptodonte que había cavado el túnel.

sí como quedaron testimonios de la existencia de primitivos habitantes en nuestra región, también hay huellas de la vida de los aborígenes que poblaban la zona cuando llegaron los españoles. Las evidencias mas concretas se hallaron en Lobería, y también en Mar del Plata.

Estas comunidades vivían de la caza de ciervos, guanacos, vizcachas, armadillos, la recolección de huevos de ñandú, la captura de ranas y peces en las lagunas y arroyos vecinos a sus lugares de residencia o correrías. Los restos arqueológicos encontrados   muestran una serie instrumentos de trabajo de piedra  o hueso, cerámica decorada y pigmentos minerales para colorear pinturas rupestres.

Y conviene aclarar que rupes, en latín, significa roca. Así que la pintura rupestre es la que se hace so­bre las rocas.

LLEGAN LOS EUROPEOS

Los primeros europeos que divisaron nues­tras tierras, desde el mar, fueron Hernando de Magallanes y sus hombres. Eso sucedió en fe­brero de 1529, apenas 27 años después de que Cristóbal Colón llegara a las Antillas. Magallanes llamó Punta de arenas gordas a lo que ahora es Punta Mogotes. También pasaron frente a estas costas fray García Jofré de Loayza, en 1525, y Simón de Alcazaba, en 1535. Luego, en algunos mapas in­gleses, nuestro borde marítimo aparece como Stony Coast —que significa «costa pegajo­sa»—, y se llamó Cape Lobos a lo que antes se había conocido como cabo o Punta de are­nas gordas. El nombre surgió debido a la gran cantidad de lobos marinos que había en las ri­beras.

GARAY EN EL NORTE

A fines de 1581 Juan de Garay y sus hombres lle­garon a caballo hasta las tierras de la actual Mar del Plata. Y en una carta dirigida al Consejo de In­dias, el vasco Garay dice que llegó a la costa de la mar del Norte, a 60 leguas de Buenos Aires. Lo de la mar del Norte merece una explicación. En el siglo XVI, lo que hoy es el océano Atlántico, pasó a ser la mar del Norte cuando se atravesó el Istmo de Panamá y Balboa descubrió, en 1513, el Pacífico, al que bautizó como mar del Sur. Ocurre que si se observa el mapa de Panamá, que se extiende formando arcos de este a oeste, el Atlántico está al norte y el Pacífico al sur. Más tar­de, cuando se conoció toda la Tierra, se pudo ver que los dos océanos se proyectan por ambos he­misferios.

Juan de Garay escribió aquello de la muy galana costa con la que se refirió a nuestras playas. También escribió lo de tierra muy buena para semen­teras, que quiere decir que es muy apta para sem­brar, y la famosa referencia a los lobos marinos que daría origen al ya mencionado Cape Lobos.

RECUERDO DE GARAY EN PLENO CAMPO

Hace mucho tiempo, el agrimensor Ubaldo Carnaghi, nativo de Mar del Plata y conocedor de su historia, nos mostró un guantelete de malla en­contrado por un arador en el campo, al oeste de la ciudad.

El guantelete es una pieza de armadura para proteger las manos, tejido en pequeños anillos de acero, y lo usaban los soldados hace varios siglos.

¿Quién puede haber usado una armadura auténtica por nuestra zona?

Sólo Juan de Garay o alguno de  sus hombres. El guante, colgado de la montura de un caballo, cayó inadvertidamente a la tierra. Y pasaron los siglos, y un buen día un hombre de campo lo encontró. Le tomamos fotos en 1965, apenas 484 años después de que alguien lo perdiera.

INDIOS Y EUROPEOS

El encuentro de los europeos con los indígenas no fue fácil. Los aborígenes eran los dueños naturales de la tierra y sus productos, así que los europeos se sintieron obligados a convertir­los a su religión para «sacarlos de las garras del diablo», como dice en 1748 el padre José Cardiel. Por otra parte, era evidente que los indígenas poseían una cultura de caracteres más débiles frente al poderío español. Eran pueblos libres que vivían según sus hábi­tos y costumbres.

Así que seguramente se habrán mirado con gran asom­bro, por sus diferencias. Los españoles, como todos los conquistadores, habrán considerado que los indígenas eran los vasallos del rey y que las riquezas del nuevo mundo debían agregarse a la del monarca.

Por eso la convivencia entre ambos no fue buena y terminó mal, con la llamada Con­quista del Desierto, en 1879, a 363 años de la llegada de Solís al Río de La Plata.

NAUFRAGOS DEL WAGER

El 10 de enero de 1741, cuando habían casado 160 años desde la expedición de Juan de Garay, nuestras playas recibie­ron la visita de otros europeos llegados desde el mar.

La historia se publicó en Londres y se refirió al naufragio del Wager, un navío almacén destruido por los temporales que sufrió en su viaje al Pacífico y a la salida del Estrecho de Magallanes. Con parte de los restos del Wager los náufragos construyeron una goleta, a la que llamaron Speedwell,y siguieron via­je hacia el norte. Pasaron por Mar del Plata. y como les faltaba agua y provisio­nes, 14 hombres nadaron hasta la costa. De los 13 que llegaron solamente 5 vol­vieron al barco. Los 8 que se quedaron fueron abandonados por la Speedwell, que siguió viaje. Pasaron muchas peripecias, y solamente 4 lograron sobrevivir pero fueron capturados por los indígenas. Pero al fin llegaron a Buenos Aires, donde fue­ron declarados prisioneros de guerra, hasta que finalmente 3 de los náufragos regresaron a Inglaterra julio de 1746.

¡Ya habían pasado 5 años del naufragio!!

Bibliografía sugerida:

Álvarez, Cañedo, da Orden, Irigoin, Jofré, y otros. Mar del Plata, una historia urbana. Fundación Banco de Boston. 1991.

Vlgnati, Milcíades. Una narración fiel de los peligros y desventuras que sobrellevó Isaac Morris. 1956.

Segura, Abel. Historia de la Sierra y Laguna de los Padres. 1995.

La Historia de Mar del Plata”

Selección de temas, investigación y redacción de los capítulos: arquitecto Roberto Cova. Coordinación: Carlos Balmaceda. Producción gráfica: Diez Subiros S. A.

Historieta: Gustavo Sala – Daniel Hernando Ilustraciones: Marcelo Nader.

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